BMW 328 231 CV: seis cilindros y 2996 cc
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Sobre la marca de coches BMW
Ponerte al volante de un BMW es sentir una dirección precisa y una respuesta inmediata, ya sea en ciudad o en carretera. La marca alemana combina un diseño sobrio con ingeniería orientada al conductor, ofreciendo motores eficientes y un chasis equilibrado. Su apuesta por la innovación se traduce en conectividad y asistentes avanzados, pensados para viajar con confianza y disfrutar cada kilómetro.Versiones de BMW 328
Ci (1998 )
i (1982 - 2009 )
i Automatic (1982 )
i Convertible (2007 - 2009 )
i Coupe (2007 )
i Sedan (2007 )
i Sportswagon (2007 )
xi (2007 )
xi Coupe (2007 - 2008 )
xi Sedan (2007 )
xi Sportswagon (2007 )
Información sobre BMW 328
¿Qué es el BMW 328 y qué lugar ocupa en la historia de la marca?
El BMW 328 (1936-1940) es un roadster ligero que cimentó la reputación deportiva de BMW. Con unos 830 kg y un seis cilindros en línea de 2,0 litros, entregaba alrededor de 80 CV, suficiente para una conducción viva y comunicativa. Su chasis equilibrado y su enfoque de peso contenido convierten cada curva en una conversación directa con el asfalto, sin filtros ni artificios.¿Cómo se siente al conducirlo y qué lo hace especial en carreteras reviradas?
Al volante, el 328 premia la finura: dirección precisa, morro ligero y una agilidad que nace de su bajo peso. Sus 80 CV no buscan empujar con brutalidad, sino sostener un ritmo fluido, enlazando curvas con inercia y tacto. La respuesta del seis en línea es progresiva, y el coche transmite lo que pisan las ruedas delanteras, obligándote a conducir con manos suaves y mirada larga.¿Qué motor lleva el BMW 328 y cómo entrega la potencia?
Monta un 2.0 de seis cilindros en línea (M328) con distribución de válvulas en cabeza y carburación, rondando 80 CV. La potencia llega de forma lineal y elástica, con un sonido metálico contenido que acompaña el aumento de vueltas. No es un coche de aceleraciones fulminantes: su encanto está en mantener el motor alegre y aprovechar la ligereza para ganar velocidad con continuidad, especialmente entre 3.000 y 5.000 rpm.¿Qué prestaciones ofrece: velocidad punta y aceleración aproximadas?
Según configuración, el BMW 328 podía rozar los 150 km/h, una cifra seria para finales de los 30. Más que el 0-100 (poco representativo en la época), importa cómo sostiene el ritmo: recupera con dignidad si llevas el motor en su zona buena y aprovechas el cambio. En carretera secundaria, su rendimiento se percibe “rápido” por la cercanía al entorno, el viento y la ausencia de asistencias modernas.¿Cómo es el chasis, la suspensión y el comportamiento dinámico?
El 328 combina un chasis ligero con suspensión delantera independiente y eje trasero rígido (con ballestas/elementos de la época según versiones). En marcha, se siente vivo: balancea más que un deportivo moderno, pero avisa y permite corregir con el acelerador y la dirección. La clave está en la transferencia de masas; si entras fino, el coche traza redondo, y si te pasas, te exige respeto.¿Qué tal frena un BMW 328 y qué debes esperar en uso actual?
Equipa frenos de tambor, correctos para su peso, pero lejos de los estándares actuales en resistencia térmica. En conducción real, la pedalada requiere anticipación y tacto: frenar antes, dosificar y evitar castigar el sistema en bajadas largas. La sensación es más física y planificada; cuando lo haces bien, el coche fluye. Para uso en eventos, es habitual revisar reglajes, zapatas y ventilación para consistencia.¿Cómo es su interior, ergonomía y experiencia a cielo abierto?
El habitáculo es esencial: instrumentación clara, volante grande y posición de conducción que te sitúa cerca del eje delantero. En un roadster de los años 30, la capota y la protección aerodinámica son mínimas; a partir de 80-90 km/h el viento domina la escena. Esa exposición convierte la velocidad en sensación pura: percibes la textura del motor, la carretera y el entorno, con una conexión difícil de replicar hoy.¿Qué consumo y autonomía puede tener un BMW 328?
En condiciones realistas, un 328 puede moverse en un entorno aproximado de 10-14 l/100 km, dependiendo de carburación, estado mecánico y ritmo. A velocidades sostenidas y con puesta a punto fina, puede ser relativamente razonable para su época. La autonomía depende del depósito y del uso, pero lo importante es la planificación: es un coche para etapas, no para devorar kilómetros sin pausas, con paradas que forman parte del ritual.¿Qué versiones existen y por qué se habla tanto del 328 en competición?
Además del roadster, existieron variantes y carrocerías especiales asociadas a competición y a carroceros. El 328 destacó por su relación peso-potencia y fiabilidad, brillando en pruebas de resistencia y carretera. En conducción, eso se nota: el coche invita a mantener un ritmo constante, sin brusquedades, cuidando la mecánica. No se trata de “exprimir”, sino de sostener velocidad con precisión, como se hacía en las grandes rutas.¿En qué debes fijarte al comprar uno: puntos críticos y autenticidad?
Lo esencial es la autenticidad (números de chasis/motor, historial, especificación) y el estado estructural. Revisa corrosión en bastidor y carrocería, holguras en dirección, fatiga en suspensión y el sistema de frenos. En el motor, atención a compresión, carburación y temperatura. Un 328 bien mantenido se siente redondo y fino; uno cansado transmite vibraciones, deriva en frenada y falta de precisión en apoyo.¿Qué mantenimiento requiere y qué tipo de taller es recomendable?
Necesita mantenimiento preventivo: lubricación frecuente, ajuste de carburadores, reglaje de encendido y revisión de holguras. Las tolerancias y materiales exigen aceite adecuado y calentamientos progresivos. Es recomendable un especialista en clásicos pre-guerra, capaz de ajustar por sensación y medida, no solo por diagnóstico electrónico. Cuando está bien afinado, el coche responde con suavidad mecánica, arranca con confianza y mantiene temperatura estable incluso en rutas largas.¿Qué valor de mercado tiene y qué factores lo encarecen?
El precio varía mucho por originalidad, historial deportivo, carrocería y calidad de restauración; hablamos de cifras de coleccionista, a menudo en el rango de cientos de miles de euros, pudiendo subir más en unidades con procedencia destacada. Lo que se paga es la autenticidad y la corrección técnica: un coche “bien” no solo luce; se conduce con precisión, frena recto, no se calienta y transmite esa ligereza histórica sin tensiones.Rivales de BMW 328
El BMW 328 es un nombre con peso propio dentro de la historia deportiva de la marca: nacido en los años 30 como un biplaza ligero y afinado para competir, se ganó su reputación por una combinación muy poco común en su época: motor elástico, chasis ágil y una puesta a punto pensada para mantener ritmo alto durante muchos kilómetros. Hoy, hablar del BMW 328 implica situarlo frente a otros roadsters y deportivos europeos pre y de posguerra que perseguían el mismo objetivo: velocidad sostenida, precisión en carretera revirada y fiabilidad mecánica.
Entre sus antagonistas naturales aparece el Alfa Romeo 6C 2300, más aristocrático y orientado a grandes carrocerías, pero con pedigrí de competición y un seis cilindros en línea de funcionamiento sedoso. Su enfoque tendía a ser más “gran turismo” que el del BMW, con una entrega de potencia progresiva y un peso que, según versión, podía penalizar la agilidad pura.
En el otro extremo, el MG K3 Magnette encarna la tradición británica de los deportivos ligeros: menor cilindrada, sobrealimentación para extraer carácter y una filosofía de simplicidad efectiva. En carreteras estrechas, su ligereza y respuesta inmediata lo convertían en un rival incómodo, aunque con una franja de uso más exigente y, en ocasiones, una tolerancia menor al trato continuado a alta carga frente a la robustez alemana.
Finalmente, el Jaguar SS 100 juega la carta del músculo y la presencia: mayor cilindrada, empuje contundente y una velocidad punta notable para su tiempo. Frente al tacto fino y la precisión del BMW 328, el SS 100 contraponía una conducción más física, donde el motor marcaba el ritmo y el chasis pedía manos firmes, especialmente cuando el firme se complicaba.
En conjunto, la rivalidad del BMW 328 se entiende como un choque de escuelas: la eficiencia dinámica alemana frente al refinamiento italiano, la ligereza británica y la potencia británica de gran cilindrada. Y es precisamente esa capacidad de equilibrar prestaciones, control y resistencia lo que consolidó al 328 como una referencia deportiva de su era.
| Modelo | Cilindrada (cc) | Configuración motor | Alimentación | Potencia (CV) |
| BMW 328 | 1.971 | L6 | Carburadores | 80 |
| Alfa Romeo 6C 2300 | 2.309 | L6 | Carburador | 68 |
| MG K3 Magnette | 1.087 | L6 | Compresor | 120 |
| Jaguar SS 100 | 3.485 | L6 | Carburadores | 125 |
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