Bristol 400: 79 CV, 6 cilindros y 1970 cc

Con 79 CV, el Bristol 400 no busca cifras, sino cadencia: acelera con un empuje progresivo que se siente más fino que brusco. Su 6 cilindros de 1970 cc entrega una respuesta sedosa al abrir gas, ideal para rodar a ritmo constante y escuchar el motor trabajar sin esfuerzo. En carretera, transmite aplomo y una dirección que invita a trazar con calma, disfrutando del tiempo.

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Sobre la marca de coches Bristol

Hablar de Bristol es entrar en un mundo de gran turismos británicos donde prima la artesanía, la sobriedad y una mecánica con carácter. Al volante, su conducción se siente serena y sólida: dirección precisa, aplomo a alta velocidad y una entrega de par que invita a viajar lejos sin esfuerzo. Su historia, marcada por la exclusividad y la producción limitada, convierte cada modelo en una declaración de estilo clásico y refinado.

Versiones de Bristol 400

2.0L 6 cil 79 cv Manual (1948 )

Bristol 400 - 2.0L 6 cil 79 cv Manual - Imagen no disponible
Carrocería
-
Combustible
Gasolina
Transmisión
Manual
Tracción
Trasera
Posición motor
Delantero
Puertas
2
Plazas
5
Cilindrada
1.970 cc
Cilindros
6
Tipo motor
in-line
Válvulas/cilindro
2
Potencia (CV)
79 CV
Potencia (kW)
59 kW
Potencia (PS)
80 PS
Par
125 Nm
Peso
1170 kg
Longitud
4.650 mm
Anchura
1.630 mm
Altura
1.510 mm
Batalla
2.900 mm
Depósito
54 L
Velocidad máx.
-
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-

Información sobre Bristol 400

¿Qué es el Bristol 400 y por qué es relevante?

El Bristol 400 fue el primer coche de Bristol Cars (1947) y marcó el inicio del gran turismo británico artesanal. Nació con fuerte influencia técnica de BMW (pre‑guerra), combinando refinamiento y prestaciones serias para su época. Al volante transmite una elegancia mecánica: dirección comunicativa, respuesta suave y una sensación de coche “hecho a mano”, pensado para viajar rápido y con aplomo.

¿Qué motor lleva el Bristol 400 y cómo se siente?

Monta un seis cilindros en línea de 2.0 litros, derivado del BMW 328, con unos 80 CV según especificación. No empuja con brusquedad: entrega el par de forma progresiva, con un tono metálico fino y un régimen que invita a estirar marchas. En carretera abierta se percibe como un motor educado, que gana velocidad con calma pero con constancia, ideal para cruceros sostenidos.

¿Qué prestaciones ofrece en conducción real?

En cifras, se sitúa cerca de 150 km/h de velocidad punta y un 0–100 km/h alrededor de 15–18 s dependiendo de versión y estado. En la práctica, lo importante es cómo mantiene ritmo: acelera sin tensión, con inercia noble, y su aerodinámica limpia ayuda a que el coche “corra” más de lo que parece. A velocidad de crucero transmite serenidad y estabilidad.

¿Cómo es su comportamiento: dirección, frenos y chasis?

El chasis es de inspiración BMW, con un tarado orientado al confort y una pisada estable. La dirección se siente directa y honesta, con más peso a baja velocidad y un tacto que informa del asfalto. Los frenos (de tambor) piden anticipación: dosificar y planificar, especialmente en descensos. Conducirlo bien es conducir fluido, enlazando curvas con suavidad.

¿Qué cambio y transmisión utiliza y qué sensaciones aporta?

Suele montar una caja manual de 4 velocidades. Su tacto es mecánico, con recorridos más largos que en un coche moderno y una sincronización que agradece cambios deliberados. No es una transmisión para “golpes” rápidos: premia el ritmo, el punta‑tacón si te apetece, y la coordinación. Cuando engrana limpio, el coche se siente cohesionado, como una máquina bien ajustada.

¿Cómo es el interior del Bristol 400 en uso diario clásico?

El habitáculo es sobrio y muy británico: instrumentación clara, mandos simples y una atmósfera de club clásico. No busca lujo ostentoso, sino calidad de ejecución y aislamiento razonable para su época. La posición de conducción resulta natural, con un volante grande que ayuda a manejar la dirección. En marcha, la sensación es de coche “de viaje”: silencioso relativo, estable y cómodo.

¿Qué carrocería y diseño definen al Bristol 400?

Su diseño es elegante y funcional, con proporciones de gran turismo compacto y superficies limpias. La aerodinámica fue una prioridad y se nota en su silueta fluida, sin adornos excesivos. En carretera, esa forma se traduce en una sensación de eficiencia: el coche corta el aire con serenidad y mantiene el tipo a velocidad, transmitiendo aplomo y un carácter distinguido, pero discreto.

¿Qué consumo y uso práctico puede esperarse?

Con un 2.0 atmosférico de posguerra, el consumo típico puede situarse aproximadamente entre 10 y 14 l/100 km según puesta a punto, carburación y ritmo. Conducido a cruceros constantes, tiende a ser más contenido que en ciudad. En uso real, lo práctico es su facilidad para rodar suave: cuanto más progresivo seas con el acelerador, más redondo se siente y mejor responde.

¿Qué fiabilidad tiene y qué mantenimiento exige?

La fiabilidad depende mucho del historial, porque es un clásico de posguerra con tolerancias, cables, mangueras y sistemas que envejecen. Bien mantenido, el seis cilindros es robusto y agradece ajustes de carburación, encendido y lubricación periódicos. La experiencia de propiedad es artesanal: escuchar el coche, revisar fugas y holguras, y mantenerlo afinado. A cambio, ofrece una conducción consistente y noble.

¿Qué debes revisar antes de comprar un Bristol 400?

Revisa corrosión estructural, estado del chasis, alineación de paneles y calidad de restauraciones, porque una reparación mal hecha afecta a cómo rueda. Comprueba compresión del motor, humo, temperatura en marcha y suavidad del cambio. Verifica frenos de tambor, cables, sistema eléctrico y disponibilidad de piezas. En prueba dinámica, busca vibraciones, deriva en frenada y ruidos de transmisión; debe sentirse sólido y fluido.

¿Es un coche interesante para coleccionismo y eventos?

Sí: por ser el primer Bristol, su valor histórico es alto y su presencia en concentraciones es muy respetada. No es un coche para “posar”; brilla cuando rueda, porque su carácter es de gran turismo temprano. En rutas y rallyes de regularidad, su estabilidad y motor elástico encajan bien. Con la unidad correcta, ofrece una mezcla de pedigree técnico y placer de conducción clásico.

¿Qué alternativas contemporáneas se suelen comparar con el Bristol 400?

Por concepto y época, puede compararse con BMW 327/328 (por herencia técnica), Jaguar Mk IV y algunos Bentley/Alvis de posguerra, aunque el Bristol es más compacto y aerodinámico. Frente a rivales, destaca por refinamiento mecánico y sensación de ingeniería precisa. Conducido hoy, se percibe menos “bruto” que algunos contemporáneos: más equilibrado, más viajero, más centrado en el ritmo.

Rivales de Bristol 400

El Bristol 400 es una pieza clave para entender la posguerra europea desde el prisma del gran turismo británico. Nacido a finales de los años 40, su planteamiento combina ingeniería de raíz alemana —por la conocida conexión técnica con BMW en la arquitectura del conjunto motor— con un acabado y una puesta a punto orientados al conductor que busca largas distancias con aplomo. En carretera, el 400 no pretende ser un deportivo puro; su terreno natural es el crucero rápido, la estabilidad y el tacto mecánico refinado para su época, con una entrega de potencia progresiva y un chasis pensado para sostener ritmos elevados sin fatiga.

En su ecosistema competitivo, el Jaguar Mk V representa la alternativa británica más señorial: mayor empaque, más orientación a la representación y, según versión, un rendimiento comparable, aunque con un carácter más “salón” que “coupé de conductor”. Frente a él, el Bristol se percibe más compacto y técnico, con una personalidad de precisión y un aire continental en la forma de entender la dinámica y la eficiencia.

El Alfa Romeo 6C 2500 juega en otra liga emocional: más tradición deportiva, soluciones de ingeniería italianas y, en muchas carrocerías, una estampa de gran turismo clásico. En comparación, el Bristol apuesta por una sobriedad británica y una funcionalidad aerodinámica discreta; el Alfa seduce por su pedigree y su respuesta, mientras que el 400 convence por su coherencia de conjunto para viajar deprisa con serenidad.

Como contrapunto alemán, el BMW 327 es el espejo histórico: comparte el ADN mecánico que inspiró al Bristol, con un enfoque prebélico refinado y ligero. Donde el 327 transmite elegancia y tradición, el 400 aparece como su reinterpretación posguerra: más moderno en detalle, más “industrial” en su enfoque y con una madurez de producto pensada para una nueva etapa del automóvil europeo.

Finalmente, el Bentley Mark VI aporta el argumento del lujo de gran cilindrada: un coche más grande, más pesado y con un tacto de rodadura eminentemente aristocrático. En su comparación, el Bristol queda como la opción para quien prioriza la eficiencia técnica y la sensación de control, sin renunciar a una presentación distinguida.

Modelo Cilindrada (cc) Arquitectura Potencia (CV)
Bristol 400 1.971 L6 80
Jaguar Mk V 3.485 L6 125
Alfa Romeo 6C 2500 2.443 L6 90
BMW 327 1.971 L6 55
Bentley Mark VI 4.257 L6 132

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Galería

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Autor
Enric Jané Studio
Proyecto
Catálogo de coches
20/02/2026
20/09/2026