¿Tuviste uno?
¿Tuviste un De Tomaso Longchamp? Comparte una foto y cuéntanos qué significó para ti. Tu experiencia puede ayudar a otros y mantener viva la historia de este modelo.
Sobre la marca de coches De Tomaso
De Tomaso representa esa sensación de conducir un gran turismo con temperamento: dirección firme, respuesta mecánica inmediata y una postura de mando pensada para devorar kilómetros. Nacida del impulso de Alejandro de Tomaso, la marca mezcló artesanía italiana y ambición competitiva para crear deportivos de presencia rotunda. Su legado se entiende al volante: sonido lleno, aceleración contundente y un estilo que prioriza el carácter.Versiones de De Tomaso Longchamp
5.8L 8 cil 296 cv Automática Coupé (1973 - 1984 )
5.8L 8 cil 297 cv Automática Coupé (1975 - 1983 )
Cabriolet (1973 - 1984 )
GTS (1980 )
Información sobre De Tomaso Longchamp
¿Qué es el De Tomaso Longchamp y qué tipo de coche representa?
El De Tomaso Longchamp es un gran turismo 2+2 de los años 70, pensado para devorar kilómetros con aplomo. Con su carrocería de líneas tensas y proporciones largas, mezcla elegancia italiana y músculo americano. Es un coche para viajar rápido sin esfuerzo: dirección con peso, suspensión firme pero turística y una sensación constante de “coche grande” estable, serio y con presencia.¿Qué motores monta el De Tomaso Longchamp y cómo se sienten al volante?
La mayoría de Longchamp emplean V8 Ford Cleveland 351 (5,8 litros), con potencias típicas entre 270 y 330 CV según mercado y carburación. No busca estirar como un deportivo ligero: entrega par abundante desde medio régimen, empuja con una progresión densa y sonora, y permite adelantar sin reducir en exceso. Es una conducción de gas fácil, de aceleración continua y contundente.¿Qué rendimiento ofrece: aceleración, velocidad y respuesta real?
Con alrededor de 270–330 CV y un peso cercano a 1.600–1.700 kg, el Longchamp suele moverse en el 0–100 km/h aproximado de 6,5 a 8,0 s, con velocidades punta alrededor de 230 km/h según relación final. En la práctica se siente más rápido de lo que dicen los números: gana velocidad con autoridad, especialmente entre 80 y 160 km/h, donde es más convincente.¿Cómo es su conducción: chasis, dirección y estabilidad?
El Longchamp prioriza estabilidad y pisada. Su batalla larga y su enfoque GT lo hacen muy seguro en autopista: mantiene carril con serenidad y filtra irregularidades con solidez. La dirección transmite un peso “clásico”, más mecánico que ligero, y el coche pide trazadas limpias. No es nervioso; invita a conducir con ritmo constante, apoyando con confianza y dejando trabajar al par del V8.¿Qué cambios y transmisiones llevaba y cómo influyen en la experiencia?
Se ofreció con cajas manuales y automáticas, según versiones y mercados. Con manual, el coche se siente más participativo: permite dosificar el V8 y aprovechar su franja media con precisión. Con automática, el Longchamp encaja aún más en su papel de gran turismo: transiciones suaves, cruceros relajados y aceleraciones contundentes sin esfuerzo. En ambos casos, el carácter es de empuje lleno, no de altas vueltas.¿Qué tal es el interior: ergonomía, calidad y ambiente de viaje?
El habitáculo del Longchamp mezcla diseño italiano con un planteamiento de viaje: asientos amplios, posición baja y un salpicadero clásico orientado a la conducción. La sensación es de coche “de verdad”, con mandos firmes y una atmósfera de cuero y metal propia de los 70. Como 2+2, detrás es usable para trayectos moderados; delante, invita a hacer horas con comodidad y calma.¿Qué consumo tiene y qué implica en uso real?
Con un V8 5.8 atmosférico y carburación, el consumo depende mucho del ritmo: es razonable esperar cifras de 15–20 l/100 km en uso mixto, y más si se conduce con alegría. En carretera a cruceros constantes puede bajar algo, pero no es su prioridad. La sensación al volante compensa: el coche avanza con poca apertura de gas, rodando con par y baja tensión mecánica.¿Cuáles son los puntos fuertes del De Tomaso Longchamp?
Su mayor virtud es el equilibrio entre presencia, confort y empuje. Ofrece una estabilidad de gran turismo, un V8 con par fácil y una estética con personalidad sobria. En conducción real destaca por la forma en que sostiene velocidad con poca fatiga: dirección consistente, aplomo a alta velocidad y una respuesta que llena el habitáculo de sonido grave. Es un coche para viajar rápido, no para pelear cronos.¿Qué puntos débiles o aspectos a vigilar tiene este modelo?
Como clásico italiano con mecánica americana, el reto suele estar en acabados, electricidad y corrosión más que en el motor. Hay que revisar óxidos en bajos, ajustes de puertas, estado del sistema de refrigeración y carburación. Frenos y suspensión deben estar al día para mantener su aplomo. La sensación de conducción cambia mucho según mantenimiento: uno fino va redondo; uno descuidado se siente pesado y poco preciso.¿Cómo es el mantenimiento: piezas, fiabilidad y facilidad de reparación?
La mecánica Ford V8 suele ser relativamente agradecida: hay disponibilidad de recambios y especialistas, y la arquitectura es simple. Lo delicado suele ser lo periférico: instalación eléctrica, interior, molduras y piezas específicas De Tomaso. Un buen historial de puesta a punto (refrigeración, encendido, juntas, frenos) marca la diferencia. En marcha, cuando está bien mantenido, transmite confianza y una suavidad robusta, muy “americana”.¿Qué versiones existen y qué cambia entre ellas?
Hubo variantes y evoluciones según años y mercados, con diferencias en equipamiento, calibración del motor, cajas y detalles de carrocería. Algunas unidades se enfocan más al lujo, otras al rendimiento. En la práctica, lo que más se nota es el estado de cada coche y su especificación: carburación, relación de cambio y frenos. Un Longchamp bien configurado se siente más despierto y ligero de mandos.¿Qué hay que comprobar antes de comprar un De Tomaso Longchamp?
Conviene inspeccionar corrosión estructural, alineación de carrocería y funcionamiento eléctrico completo. Revisar compresión, temperatura estable en tráfico y que el V8 no “cargue” de gasolina por carburación mal ajustada. Probar frenos sin desvíos y suspensión sin holguras. En carretera, un buen Longchamp debe ir recto, sin vibraciones, con dirección consistente y empuje limpio desde medio régimen, sin tirones ni sobrecalentamientos.¿Para quién tiene sentido hoy y qué sensaciones ofrece frente a otros clásicos?
Tiene sentido para quien busca un GT distinto: menos obvio que un gran clásico alemán, más utilizable que un deportivo puro. Ofrece la sensación de viajar en un coupé grande, con sonido grave y aceleración plena sin esfuerzo. Frente a otros clásicos, destaca por su mezcla de estilo italiano y corazón V8 fácil de entender. No exige ir rápido todo el tiempo: invita a rodar con autoridad y calma.Rivales de De Tomaso Longchamp
El De Tomaso Longchamp ocupa un lugar muy particular en el mapa del gran turismo europeo de los años 70: un coupé de cuatro plazas con el músculo y la elasticidad de un V8 americano, envuelto en una carrocería de líneas tensas y elegantes firmada por Tom Tjaarda (Ghia). Su propuesta era clara: viajar rápido, lejos y con aplomo, combinando el temperamento mecánico de Detroit con una puesta a punto de sabor europeo. En carretera abierta destaca por su entrega de par generosa y una sensación de empuje constante, más de “gran zancada” que de estirada rabiosa, ideal para devorar kilómetros con solvencia.
Su rivalidad natural se escribía contra los grandes nombres del GT clásico. Frente al Ferrari 365 GT4 2+2, el Longchamp no buscaba tanto la finura de un V12 ni el prestigio de Maranello, sino una experiencia más directa: mantenimiento potencialmente más accesible gracias a su arquitectura V8 de origen Ford (según versiones/mercados) y un carácter menos delicado en el uso. Donde el Ferrari seduce por refinamiento mecánico y cultura de giro alto, el De Tomaso convence por contundencia y por esa mezcla ítalo-americana que prioriza la velocidad de crucero y la reserva de empuje.
El duelo con el Maserati Indy 4.9 era casi un cara a cara filosófico: ambos querían ser GT auténticos, capaces de llevar pasajeros y equipaje sin renunciar a prestaciones. El Indy proponía un V8 italiano más “gran turismo clásico” en tacto y sonoridad, mientras que el Longchamp ofrecía una respuesta más rotunda a bajo y medio régimen. En conducción real, esa diferencia se traduce en estilos: el Maserati apela a la tradición y al refinamiento mediterráneo; el De Tomaso a una eficacia vigorosa, con un punto más pragmático.
Con el Aston Martin V8 compartía concepto premium y potencia abundante, pero en otra liga de posicionamiento y precio. El británico imponía un acabado y una presencia de lujo muy marcados, además de un desarrollo largo pensado para la autopista. El Longchamp, en cambio, jugaba la carta del GT de alto rendimiento con una imagen menos ceremonial y una personalidad más mecánica, más centrada en la relación entre acelerador y empuje.
En suma, el De Tomaso Longchamp fue la alternativa con carácter para quien quería un gran turismo rápido y utilizable, con cuatro plazas reales y un motor de gran par, sin entrar necesariamente en la liturgia (y costes) de los V12 o de los linajes más aristocráticos. Hoy, precisamente por esa mezcla de culturas y su relativa rareza, se entiende como un GT con identidad propia: hecho para viajar con ritmo y con peso específico.
| Modelo | Cilindrada (cc) | Arquitectura | Potencia (CV) |
| De Tomaso Longchamp | 5763 | V8 | ≈270 |
| Ferrari 365 GT4 2+2 | 4390 | V12 | ≈340 |
| Maserati Indy 4.9 | 4930 | V8 | ≈320 |
| Aston Martin V8 | 5340 | V8 | ≈310 |
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