¿Tuviste uno?
¿Tuviste un Fairthorpe Electrina? Comparte una foto y cuéntanos qué significó para ti. Tu experiencia puede ayudar a otros y mantener viva la historia de este modelo.
Sobre la marca de coches Fairthorpe
Conducir un Fairthorpe es redescubrir la esencia del deportivo clásico: dirección comunicativa, peso contenido y una agilidad que invita a enlazar curvas con precisión. Nacida en Reino Unido, la marca apostó por la construcción artesanal y por coches pequeños pero serios, pensados para disfrutar más que para presumir. Repasamos su historia, sus modelos más representativos y el lugar que ocupa en la memoria del automovilismo británico.Versiones de Fairthorpe Electrina
0.9L 4 cil 49 cv Manual (1960 )
Carrocería
-
Combustible
-
Transmisión
Manual
Tracción
Trasera
Posición motor
Delantero
Puertas
2
Plazas
5
Cilindrada
948 cc
Cilindros
4
Tipo motor
in-line
Válvulas/cilindro
-
Potencia (CV)
49 CV
Potencia (kW)
37 kW
Potencia (PS)
50 PS
Par
69 Nm
Peso
450 kg
Longitud
3.740 mm
Anchura
1.530 mm
Altura
1.330 mm
Batalla
2.090 mm
Depósito
-
Velocidad máx.
-
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-
Información sobre Fairthorpe Electrina
¿Qué es el Fairthorpe Electrina y qué lugar ocupa en la historia del automóvil?
El Fairthorpe Electrina fue un prototipo británico de coche eléctrico de finales de los 60 (habitualmente fechado en 1966), concebido como solución urbana cuando el tráfico y la contaminación empezaban a notarse. Ligero y de planteamiento simple, buscaba eficiencia antes que velocidad. Conducirlo hoy se siente como manejar una idea adelantada: silenciosa, experimental y enfocada a moverse con suavidad en ciudad.¿Cómo se siente al volante: qué sensaciones transmite en marcha?
Su conducción se percibe directa y tranquila, con una respuesta de aceleración progresiva típica de los eléctricos tempranos: empuje inicial suave, sin cambios de marcha ni tirones. El silencio mecánico deja protagonismo a rodadura y viento, así que la velocidad se “siente” más. En entornos urbanos invita a anticipar, mantener ritmo constante y disfrutar de una movilidad serena, casi artesanal.¿Qué rendimiento y velocidad puede esperarse del Fairthorpe Electrina?
Al ser un concepto eléctrico de época, su rendimiento se orientaba a desplazamientos cortos: velocidades moderadas, pensadas para calles y vías secundarias, más que para carretera rápida. La experiencia es de “suficiente” más que de “sobrado”: acelera sin dramatismos y premia la conducción fluida. Su punto fuerte no es correr, sino moverse con regularidad y bajo esfuerzo mecánico.¿Qué autonomía y uso real tiene un eléctrico clásico como el Electrina?
En los eléctricos de los 60 la autonomía dependía mucho de baterías (normalmente plomo-ácido), temperatura y ritmo de conducción. En uso real se vivía como un coche de recados: trayectos cortos, con margen planificado y velocidad contenida para estirar kilómetros. Conducirlo implica pensar como entonces: priorizar rutas sencillas, evitar aceleraciones bruscas y aprovechar su mejor terreno, la ciudad.¿Qué tipo de batería y tecnología eléctrica utilizaba (y cómo afecta a la conducción)?
Aunque los detalles varían según fuentes del prototipo, lo habitual en la época era recurrir a baterías de plomo-ácido y un motor eléctrico de potencia contenida. Eso se traduce en peso concentrado, entrega de par suave y una sensación de “inercia” marcada al levantar el pie. La conducción se vuelve táctil: planificas frenadas, proteges batería y valoras cada kilómetro.¿Cómo es su diseño y qué implica para la visibilidad y maniobrabilidad?
El Electrina apostaba por dimensiones compactas y carrocería ligera, con una postura de conducción sencilla y un enfoque eminentemente urbano. Esa combinación favorece maniobras fáciles, giros cerrados y aparcamiento sin estrés. La visibilidad suele ser buena por concepto, aunque con estándares clásicos: pilares y marcos más presentes. En marcha se percibe ágil a baja velocidad, con tacto clásico y dirección comunicativa.¿Qué público tiene sentido para este coche hoy: coleccionista, museo o uso ocasional?
Hoy encaja mejor como pieza de colección, vehículo de exhibición o uso ocasional en eventos, por su valor histórico y su tecnología temprana. Conducirlo es más una conversación con el pasado que una solución práctica diaria. Atrae a quien busca rarezas británicas, prototipos eléctricos o historias de ingeniería. En concentraciones, su silencio y enfoque urbano lo convierten en un imán para curiosos.¿Qué mantenimiento y cuidados requiere un eléctrico clásico como el Fairthorpe Electrina?
El mantenimiento se centra en el sistema eléctrico, cableado, contactores y, sobre todo, las baterías: su estado define autonomía y fiabilidad. También importa revisar frenos, neumáticos y suspensión, porque el peso de las baterías cambia cargas y desgastes. En conducción, el tacto mejora cuando todo está ajustado: frena recto, rueda fino y entrega potencia sin caídas. Es un coche de paciencia y método.¿Qué puntos débiles o limitaciones conviene conocer antes de interesarse por uno?
Sus límites naturales son la autonomía, la disponibilidad de repuestos específicos y la necesidad de especialistas en eléctricos clásicos. También hay que asumir prestaciones modestas y tiempos de recarga propios de otra era. En carretera rápida no se siente en su sitio; donde brilla es en recorridos tranquilos. Quien lo compra por sensaciones debe aceptar su ritmo: conducirlo es gestionar energía y disfrutar del trayecto.¿Qué lo diferencia de otros microcoches y eléctricos clásicos de su época?
El Electrina destaca por pertenecer a una corriente temprana de electrificación británica: no era solo un microcoche económico, sino un experimento de movilidad urbana silenciosa. Frente a muchos utilitarios pequeños con motor térmico, aquí la sensación es de continuidad: aceleración sin cambios, vibración mínima y una forma distinta de medir el tiempo. Su interés está en la idea: eficiencia y ciudad antes que prestaciones.¿Cuál es el valor de mercado y la disponibilidad del Fairthorpe Electrina?
Al tratarse de un modelo muy raro y asociado a prototipo/serie limitada, su precio depende más de procedencia, documentación e integridad que de una cotización estable. Puede aparecer en subastas especializadas o colecciones privadas, con variaciones grandes según estado de baterías y originalidad. Su valor real está en la historia que ofrece al volante: una experiencia eléctrica pionera, más cultural que utilitaria.¿Qué debería comprobarse en una inspección antes de comprar o restaurar uno?
Lo clave es verificar chasis y carrocería (corrosión), estado del cableado, controlador, motor y compatibilidad de baterías. También comprobar frenos, dirección y suspensión: un eléctrico antiguo debe rodar recto y sin esfuerzos. Pide fotos del compartimento eléctrico, pruebas de carga/descarga y documentación. En conducción, busca entrega constante y ausencia de caídas de tensión; ahí se decide si será disfrutable o frustrante.Rivales de Fairthorpe Electrina
Fairthorpe Electrina es uno de esos nombres que evocan la tradición británica de los deportivos ligeros y artesanales, pero aplicado a un planteamiento adelantado a su tiempo: la electrificación cuando la idea de un coche eléctrico moderno aún no formaba parte del imaginario popular. Por concepto, se mueve en un territorio muy concreto: el de los vehículos compactos y de baja masa, pensados más para la agilidad urbana y la eficiencia que para la velocidad punta o los grandes viajes. Esa filosofía lo enfrenta, de manera natural, a rivales que también priorizan sencillez mecánica, tamaño contenido y enfoque práctico, aunque procedan de escuelas distintas. En su “rivalidad” histórica y conceptual, el Fairthorpe Electrina se mide con propuestas pioneras de movilidad eléctrica como el Enfield 8000, otro británico de producción limitada que persiguió una receta similar: coche pequeño, eléctrico y orientado a trayectos diarios. Donde el Enfield buscaba una solución casi industrial dentro de sus posibilidades, el Fairthorpe se entiende mejor desde la óptica del fabricante de nicho, con un aire más artesanal y experimental. Al cruzar el Canal, aparece el Sebring-Vanguard CitiCar, icono estadounidense de los “commuter cars” eléctricos de los 70. Su planteamiento es aún más utilitarista y minimalista: líneas rectas, solución de transporte esencial y prestaciones modestas. Frente a él, el Electrina se percibe como una alternativa europea con una lectura más cercana al automóvil tradicional de pequeño formato, aunque comparta limitaciones típicas de la época (potencias reducidas, baterías de plomo y autonomías contenidas). Y si hablamos de rivales por filosofía (no necesariamente por potencia), el Sinclair C5 funciona como contrapunto: no es un coche en sentido estricto, pero sí un producto británico que exploró la electrificación personal con un enfoque ultraligero. La comparación sirve para contextualizar el Electrina dentro de una etapa en la que la movilidad eléctrica buscaba su lugar entre el automóvil y el vehículo personal, con soluciones muy distintas y, a menudo, condicionadas por la tecnología de acumuladores disponible. Nota editorial: en este tipo de modelos raros y de producción muy limitada, las especificaciones publicadas pueden variar según año, configuración, proveedor de motor y baterías. A continuación se muestra una comparativa técnica orientativa con cifras típicas citadas para estos vehículos.| Modelo | Tipo de propulsión | Cilindrada (cc) | Potencia (CV) | Potencia (kW) | Voltaje sistema (V) | Tipo de batería |
| Fairthorpe Electrina | Eléctrico | 0 | 6 | 4.4 | 48 | Plomo-ácido |
| Enfield 8000 | Eléctrico | 0 | 8 | 6.0 | 48 | Plomo-ácido |
| Sebring-Vanguard CitiCar | Eléctrico | 0 | 6 | 4.5 | 36 | Plomo-ácido |
| Sinclair C5 | Eléctrico | 0 | 0.5 | 0.25 | 12 | Plomo-ácido |
Opiniones de usuarios
Todavía no hay opiniones de usuarios para este modelo.
Galería
Todavía no hay fotos en la galería.
Autor
Enric Jané Studio
Proyecto
Catálogo de coches
20/02/2026
20/09/2026