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¿Tuviste un Ferrari 288 GTO? Comparte una foto y cuéntanos qué significó para ti. Tu experiencia puede ayudar a otros y mantener viva la historia de este modelo.
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Sobre la marca de coches Ferrari

Subirse a un Ferrari es sentir cómo la precisión mecánica se transforma en emoción pura desde el primer giro de llave. La marca italiana ha construido su leyenda entre la competición y la carretera, con un diseño reconocible y una ingeniería pensada para responder al milímetro. Aquí exploramos su historia, sus modelos más representativos y el carácter que define su manera de entender la conducción.

Versiones de Ferrari 288 GTO

2.9L 8 cil 395 cv Manual Coupé (1984 )

Ferrari 288 GTO - 2.9L 8 cil 395 cv Manual Coupé - Imagen no disponible
Carrocería
Coupé
Combustible
Gasolina
Transmisión
Manual
Tracción
Trasera
Posición motor
Central
Puertas
2
Plazas
2
Cilindrada
2.855 cc
Cilindros
8
Tipo motor
V
Válvulas/cilindro
4
Potencia (CV)
395 CV
Potencia (kW)
294 kW
Potencia (PS)
400 PS
Par
506 Nm
Peso
1225 kg
Longitud
4.300 mm
Anchura
1.920 mm
Altura
1.130 mm
Batalla
2.560 mm
Depósito
120 L
Velocidad máx.
305 km/h
0-100
4,8 s
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
9,6 L/100
CO2
-

Información sobre Ferrari 288 GTO

¿Qué es el Ferrari 288 GTO y por qué marcó una época?

El Ferrari 288 GTO (1984) fue la respuesta de Maranello a la era de los Grupo B: un “Gran Turismo Omologato” nacido para competir. Con chasis tubular y carrocería aligerada en materiales compuestos, se siente compacto, tenso, con reacciones rápidas. No es un Ferrari de paseo: transmite propósito desde el primer metro, con una dirección viva y una postura de conducción baja, enfocada.

¿Qué motor monta el Ferrari 288 GTO y cómo se siente al acelerar?

Bajo la tapa trasera vive un V8 de 2.855 cm³ biturbo (F114B), con 400 CV y alrededor de 496 Nm. Su carácter mezcla empuje elástico con un golpe de presión muy marcado: a medio régimen ya empuja con decisión y, cuando soplan los turbos, la zaga se aligera y exige manos finas. El sonido es metálico, con silbido de sobrealimentación constante.

¿Qué prestaciones ofrece y cómo se traducen en la conducción real?

El 288 GTO declara 0–100 km/h en torno a 4,9 s y una punta cercana a 305 km/h, cifras enormes para su tiempo. En carretera se percibe más por la facilidad con la que gana velocidad que por los números: las marchas se estiran con rabia y el coche parece encoger el asfalto. A ritmos altos, la estabilidad mejora y el volante se asienta.

¿Cómo es su chasis, peso y equilibrio en curvas?

Con un peso alrededor de 1.160 kg y motor central longitudinal, el equilibrio es de bisturí: entra rápido en apoyo y cambia de dirección con poca inercia. La suspensión es firme, pensada para precisión más que para filtrar. En curva rápida, el coche premia trazadas limpias; si se acelera pronto, el par del biturbo puede abrir la trayectoria y obliga a dosificar con el pie.

¿Qué caja de cambios lleva y qué tacto tiene?

Monta una caja manual de 5 velocidades con la clásica rejilla Ferrari. El tacto es mecánico, con recorridos definidos y un “clack” metálico al engranar que acompaña la sensación de coche de competición matriculado. Requiere decisión: en frío conviene tratarla con respeto. En conducción rápida, el escalonamiento ayuda a mantener el motor en la zona de empuje del turbo.

¿Cómo frena el 288 GTO y qué confianza transmite?

Sus frenos (discos ventilados) son potentes para la época, con un pedal firme y recorrido corto. No es un sistema moderno con asistencias invasivas: la confianza llega por la lectura del chasis y por cómo carga el eje delantero al frenar. En descenso o uso intenso, hay que anticipar y modular para evitar fatiga. Cuando el conjunto está en temperatura, frena con autoridad y control.

¿Qué dirección ofrece y qué comunica al conductor?

La dirección del 288 GTO es rápida y muy comunicativa: transmite textura, carga y pérdidas de adherencia sin filtros. A baja velocidad se nota pesada, recordándote el ancho de neumáticos y la ausencia de ayudas modernas. En carretera revirada, cada grado de giro se traduce en cambio de trayectoria inmediato. Es una dirección que pide muñeca, porque el coche responde con la misma intensidad.

¿Cómo es el interior y qué ambiente se vive a bordo?

El habitáculo es sobrio y funcional: cuero, instrumentación clara y una posición de conducción baja, con el volante cerca del pecho. No busca lujo moderno, sino concentración. Se oye el motor detrás, la transmisión y el trabajo de la suspensión; el coche te mantiene dentro de la mecánica. La visibilidad es razonable hacia delante, más comprometida hacia atrás, reforzando la sensación de coche “serio”.

¿En qué se diferencia del Ferrari F40 y por qué se comparan?

Se comparan porque el 288 GTO es el precursor conceptual del F40: ambos biturbo, ambos ligeros y centrados en rendimiento. El 288 GTO es más “GT” en tacto, con un punto más de refinamiento y progresividad, aunque sigue siendo exigente. El F40 sube la apuesta en crudeza y aerodinámica. Conduciendo, el GTO se siente más compacto y menos dramático en reacciones.

¿Qué rareza y valor tiene en el mercado de clásicos?

La producción fue muy limitada, alrededor de 272 unidades, lo que lo convierte en una pieza de alta colección. Su valor se sostiene por historia, escasez y por ser un hito previo a los Ferrari más radicales. En propiedad, la experiencia es la de un coche que no se “usa”: se prepara, se calienta, se conduce con respeto. Cada kilómetro se siente como un evento mecánico y cultural.

¿Qué puntos hay que vigilar en mantenimiento y uso?

Es un clásico biturbo de los 80: conviene vigilar temperatura, estado de turbos, manguitos, refrigeración y ajuste de inyección/encendido. La puesta a punto marca la diferencia entre un coche lleno y uno áspero. Los consumibles (neumáticos, frenos) deben ser de especificación adecuada. En uso real, pide calentar con paciencia y enfriar tras conducción intensa, para proteger lubricación y sobrealimentación.

¿Para quién es el Ferrari 288 GTO hoy y qué tipo de conducción ofrece?

Es para quien busca una conducción analógica, con compromiso físico y mental, y valora historia antes que comodidad. En carretera amplia se disfruta su estabilidad y su empuje; en tramos ratoneros exige precisión por par y reacciones. No perdona improvisaciones, pero recompensa el pilotaje fino. Es un coche que enseña: a modular, a trazar, a escuchar mecánica y a respetar los límites del agarre.

Rivales de Ferrari 288 GTO

El Ferrari 288 GTO nace en una época en la que Maranello buscaba trasladar la lógica de la competición al asfalto con la mínima concesión posible. Concebido para homologación en el entorno del Grupo B, su arquitectura responde a una prioridad clara: baja masa, alta resistencia térmica y una entrega de potencia que, aun con turboalimentación, mantuviera la sensación mecánica y precisa que define a los grandes Ferrari de motor central. Con su V8 longitudinal biturbo y un enfoque de chasis muy orientado a la eficiencia, el 288 GTO se convirtió en una referencia para entender la transición entre el superdeportivo “analógico” y la era del alto rendimiento sobrealimentado.

En su paisaje competitivo, el rival más directo por concepto es el Porsche 959. Mientras el Ferrari apuesta por la pureza: tracción trasera, respuesta cruda y un peso contenido, el 959 representa la lectura tecnológica del rendimiento: tracción total, electrónica y una visión más “sistémica” de la velocidad. En carretera, esa diferencia se traduce en dos maneras de ir rápido: el Ferrari 288 GTO exige implicación y delicadeza con el acelerador; el Porsche 959 compensa con tracción y estabilidad cuando el asfalto no es perfecto. No es tanto una cuestión de números como de filosofía: precisión artesanal frente a ingeniería total.

Si el 959 es el contrapeso tecnológico, el Lamborghini Countach 5000 Quattrovalvole es el rival emocional por excelencia. Ambos pertenecen a la aristocracia de los pósteres, pero se expresan de forma opuesta: el Ferrari es compacto, tenso, con una aerodinámica funcional; el Countach es teatral, ancho, con un V12 atmosférico que entrega su carácter en un crescendo lineal. El Ferrari 288 GTO se siente como una herramienta de alto rendimiento con modales de carreras; el Countach 5000 QV es una declaración de intenciones donde la experiencia sensorial pesa tanto como la eficacia.

En el lado más “gran turismo”, el Aston Martin V8 Vantage (en sus variantes de los años 80) pone sobre la mesa otra idea de rivalidad: potencia abundante y presencia, pero con una orientación más de autopista que de tramo. Frente a él, el Ferrari 288 GTO se percibe más ligero de reacciones y más concentrado en el eje conductor-máquina. El Aston ofrece músculo y aplomo; el Ferrari, tensión dinámica y una relación más directa con el chasis.

Y para completar el mapa de la época, el Ferrari F40 funciona como el “rival interno” inevitable. Comparte ADN —V8 biturbo, filosofía de aligeramiento y una estética dictada por la función—, pero el F40 lleva el concepto a un extremo más radical y veloz, con una puesta a punto todavía más afilada. El Ferrari 288 GTO, por su parte, mantiene un equilibrio particular: sigue siendo exigente y visceral, pero con una capa de civilidad que lo hace especialmente valioso como puente entre dos generaciones de superdeportivos.

Modelo Arquitectura motor Cilindrada (cc) Sobre/Atmos Potencia (CV) Tracción Caja Peso (kg)
Ferrari 288 GTO V8 2.855 Biturbo 400 RWD Manual 5v 1.160
Porsche 959 Bóxer 6 2.849 Biturbo 450 AWD Manual 6v 1.450
Lamborghini Countach 5000 Quattrovalvole V12 5.167 Atmosférico 455 RWD Manual 5v 1.490
Aston Martin V8 Vantage V8 5.340 Atmosférico 390 RWD Manual 5v 1.730
Ferrari F40 V8 2.936 Biturbo 478 RWD Manual 5v 1.100

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Galería

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Autor
Enric Jané Studio
Proyecto
Catálogo de coches
20/02/2026
20/09/2026