Alfa Romeo 179: 132 CV, V12 y 3000 cc

Con 132 CV, el Alfa Romeo 179 entrega una aceleración progresiva que invita a estirar cada marcha con precisión. Sus 12 cilindros convierten el gas en una respuesta sedosa, con un sonido lleno y continuo que acompaña sin fatigar. La cilindrada de 3000 cc aporta empuje desde abajo, facilitando recuperaciones limpias y una conducción más relajada en carretera, pero con carácter cuando se busca ritmo.

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Sobre la marca de coches Alfa Romeo

Alfa Romeo combina diseño italiano y herencia deportiva con una puesta a punto pensada para disfrutar cada curva. Al volante, la dirección se siente directa y el chasis transmite confianza, incluso en cambios de ritmo. Sus motores entregan respuesta con carácter y un sonido reconocible, mientras el interior prioriza al conductor con una ergonomía clara. Una marca para quienes buscan emoción y precisión diaria.

Versiones de Alfa Romeo 179

Race Car (1980 - 1980 )

Carrocería
-
Combustible
-
Transmisión
Automática
Tracción
Trasera
Posición motor
Trasero
Puertas
-
Plazas
1
Cilindrada
3.000 cc
Cilindros
12
Tipo motor
V
Válvulas/cilindro
-
Potencia (CV)
132 CV
Potencia (kW)
99 kW
Potencia (PS)
134 PS
Par
177 Nm
Peso
1100 kg
Longitud
-
Anchura
-
Altura
-
Batalla
2.410 mm
Depósito
50 L
Velocidad máx.
-
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-

Información sobre Alfa Romeo 179

¿Qué es el Alfa Romeo 179 y por qué es importante?

El Alfa Romeo 179 fue el monoplaza de Fórmula 1 con el que la marca regresó como constructor a principios de los 80, debutando en 1979. Con chasis monocasco y efecto suelo, marcó una transición tecnológica clave. En pista se sentía “afilado”: mucha carga aerodinámica a alta velocidad y un tren delantero que pedía manos finas, porque el límite llegaba rápido y sin demasiados avisos.

¿Qué motor montaba y cómo se percibía su entrega?

El 179 utilizó un V12 atmosférico de Alfa Romeo en configuración de la época (3.0 litros), conocido por su carácter. Más que un golpe de potencia, entregaba velocidad de forma lineal y “cantada”, permitiendo modular con el pie derecho. Esa respuesta progresiva facilitaba sostener el coche en apoyo largo, aunque exigía llevarlo alto de vueltas para exprimirlo en rectas y salidas de curva.

¿Cómo era su comportamiento aerodinámico y el efecto suelo?

Diseñado para aprovechar el efecto suelo, el 179 ganaba estabilidad cuando el fondo trabajaba cerca del asfalto. En conducción, eso se traducía en aplomo creciente conforme subía la velocidad: cuanto más rápido, más “pegado” iba. El peaje era la sensibilidad: baches, pianos o cambios de altura podían romper el sellado aerodinámico y provocar pérdidas de agarre bruscas.

¿Qué sensación transmitía su chasis y la dirección?

El chasis del 179 priorizaba precisión y rigidez, ofreciendo una lectura muy directa del asfalto. La dirección se percibía viva, con reacciones rápidas al mínimo gesto, ideal para enlazar curvas medias con decisión. A cambio, no perdonaba: si entrabas pasado, el coche tendía a abrir trayectoria. Era un monoplaza que recompensaba la trazada limpia y el frenado recto.

¿Cómo frenaba y qué implicaba para el piloto?

Con frenos de competición de su era, el 179 pedía anticipación y tacto, especialmente cuando el efecto suelo variaba y cambiaba la carga sobre las ruedas. La sensación era de “morder” fuerte al inicio, pero había que modular para evitar bloqueos. El piloto sentía el coche asentarse de morro en la entrada, y si afinaba el pedal, podía rotarlo con estabilidad.

¿Qué rendimiento tuvo en competición y qué resultados logró?

El Alfa Romeo 179 fue competitivo por momentos, especialmente en clasificación en ciertos circuitos, pero su rendimiento global estuvo condicionado por fiabilidad y evolución técnica. En experiencia de pilotaje, eso significa un coche con velocidad potencial, aunque exigente en gestión mecánica y puesta a punto. Cuando todo encajaba, permitía rodar con ritmo sólido; cuando no, aparecían pérdidas de rendimiento y constancia.

¿Qué puntos fuertes destacaban en pista?

Su gran baza era el conjunto motor V12 y la capacidad aerodinámica cuando el efecto suelo funcionaba: estabilidad en curva rápida y una sensación de empuje sostenido. En trazados fluidos, el coche invitaba a confiar en el apoyo y mantener velocidad mínima alta. Esa “inercia rápida” era su territorio: cuanto menos correcciones, más eficiente se volvía, y el piloto lo notaba en el cronómetro.

¿Qué debilidades se notaban al límite?

La sensibilidad del efecto suelo y la necesidad de una puesta a punto fina hacían que el 179 pudiera cambiar de carácter de una sesión a otra. Al límite, la pérdida de carga se sentía como un alivio repentino del volante y una trasera más inquieta. También penalizaba en circuitos bacheados o con pianos agresivos, donde mantener la plataforma estable era más complicado.

¿Cómo se vivía la conducción del V12 en términos de sonido y ritmo?

El V12 definía la experiencia sensorial: un tono agudo y continuo que “empujaba” a estirar marchas y mantener el motor en su zona buena. Ese sonido funcionaba casi como un metrónomo: marcaba el ritmo de frenada, paso por curva y aceleración. En cabina, la sensación era de velocidad construida por continuidad, premiando una conducción redonda y evitando cortes bruscos de gas.

¿Qué legado dejó el Alfa Romeo 179 en la historia de la marca?

El 179 simboliza el retorno de Alfa Romeo a la F1 como constructor en una era dominada por la innovación aerodinámica. Su legado no es solo técnico: es emocional, porque encarna el espíritu italiano de motor con carácter y soluciones ambiciosas. Para el aficionado, representa una etapa donde el pilotaje se sentía más “mecánico” y físico, con el coche hablando constantemente al conductor.

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