Audi Le Mans: 601 CV V10 de pura respuesta

Con 601 CV, el Audi Le Mans traduce la técnica en sensaciones inmediatas: al abrir gas, el V10 entrega un empuje continuo que te fija al respaldo y estira con decisión hasta arriba. Sus 4.961 cc aportan una respuesta llena, sin vacíos, y un sonido metálico y profundo que acompaña cada cambio de ritmo. Un concepto nacido para conectar carretera y circuito en una misma pulsación.

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Sobre la marca de coches Audi

Al ponerse al volante de un Audi, la respuesta es inmediata y el aplomo se siente desde los primeros metros. La marca combina diseño elegante, ingeniería alemana y un enfoque constante en la innovación para ofrecer una conducción precisa y serena. En ciudad destaca por su confort y tacto refinado; en carretera, por su estabilidad y empuje progresivo. Audi mantiene su carácter premium con soluciones tecnológicas orientadas al conductor.

Versiones de Audi LeMans

Quattro (2003 - 2003 )

Carrocería
Coupé
Combustible
-
Transmisión
Manual
Tracción
4x4
Posición motor
Central
Puertas
2
Plazas
2
Cilindrada
4.961 cc
Cilindros
10
Tipo motor
V
Válvulas/cilindro
4
Potencia (CV)
601 CV
Potencia (kW)
448 kW
Potencia (PS)
609 PS
Par
750 Nm
Peso
1530 kg
Longitud
4.380 mm
Anchura
1.910 mm
Altura
1.260 mm
Batalla
2.660 mm
Depósito
70 L
Velocidad máx.
-
0-100
3,7 s
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-

Información sobre Audi LeMans

¿Qué es el Audi Le Mans quattro y qué lo hace tan especial como concept car?

El Audi Le Mans quattro (2003) es un prototipo que adelantó el lenguaje y la ambición deportiva de Audi: motor central, tracción total y proporciones de superdeportivo. Con unos 450 CV en su V10 5.0 FSI y una carrocería compacta, transmite una sensación de coche “tensado”, pegado al suelo. Su aceleración cercana a 4 s en 0-100 km/h se siente inmediata, contundente y muy lineal.

¿Cómo se siente su V10 5.0 FSI en conducción y qué cifras ofrece?

El V10 atmosférico 5.0 FSI ronda los 450 CV y gira con respuesta rápida gracias a la inyección directa. En marcha, empuja con una progresión limpia: a medio régimen ya hay músculo, y arriba se vuelve más afilado. El 0-100 km/h en torno a 3,7–4,0 s y una punta cercana a 300 km/h describen un coche que acelera con autoridad, pero sin brusquedad: es potencia que se dosifica con precisión.

¿Qué aporta la tracción quattro en un superdeportivo de motor central?

La tracción quattro del Le Mans quattro busca que la potencia sea utilizable, no solo impresionante en una ficha técnica. En curvas rápidas, la sensación es de apoyo sólido: el coche “muerde” el asfalto y permite abrir gas antes, con más confianza. En firmes fríos o irregulares, el extra de motricidad reduce correcciones y hace la conducción más fluida. El resultado es velocidad fácil de sostener, no solo de alcanzar.

¿Qué relación tiene el Audi Le Mans con el Audi R8 de producción?

El Audi Le Mans quattro es el antecedente directo del Audi R8 (2006). Comparte la idea clave: superdeportivo utilizable a diario, con motor central y quattro como sello de identidad. En conducción, esa filosofía se traduce en un coche rápido pero legible: no te “expulsa” de la curva, te acompaña. El prototipo anticipó también la estética de volúmenes limpios y la presencia baja y ancha que luego definiría al R8.

¿Cómo es su diseño exterior y qué transmite al volante (aunque sea un concept)?

Su diseño combina líneas tensas y superficies amplias, con una postura muy baja y ancha que sugiere estabilidad. La parrilla Singleframe ya apuntaba a la identidad moderna de Audi, mientras que las tomas laterales y la zaga compacta hablan de motor central. En carretera, esa silueta se traduce en una percepción clara: vas sentado cerca del suelo, con el coche “encajado” en el carril, como si la aerodinámica lo sujetara a alta velocidad.

¿Qué se sabe del chasis y cómo influye en el comportamiento dinámico?

Audi planteó un chasis de enfoque ligero y rígido, típico de prototipos con motor central. Esa rigidez se percibe como precisión: el morro entra con decisión y las transiciones izquierda-derecha se sienten rápidas. El reparto de masas, al concentrar el motor entre ejes, aporta agilidad sin nerviosismo. En apoyos largos, transmite esa calma de coche bien plantado: no flota ni rebota, mantiene una trayectoria limpia y fácil de leer.

¿Qué tipo de conducción invita a practicar: circuito, carretera o uso mixto?

Por concepto y cifras, el Audi Le Mans quattro invita al circuito: frenadas fuertes, cambios de apoyo rápidos y salidas de curva con tracción total. Pero su enfoque “Audi” también apunta a carretera rápida, donde la estabilidad y la motricidad permiten mantener ritmos altos con menos estrés. La sensación dominante es de control: puedes ir muy deprisa sin pelearte con el coche, porque el conjunto prioriza la confianza y la progresividad.

¿Cómo sería la experiencia de frenada y qué esperarías a alta velocidad?

En un superdeportivo de este planteamiento, esperarías frenos grandes y resistentes, pensados para repetir frenadas desde velocidades altas sin fatiga inmediata. La sensación típica sería un pedal firme, con mordiente inicial claro y buena dosificación al acercarte al límite de adherencia. A alta velocidad, la aerodinámica y la batalla corta deberían aportar aplomo: el coche no se “alivia” de delante, sino que mantiene carga y dirección consistente.

¿Qué interior y tecnología se intuían y qué sensación de cabina ofrecería?

Como concept, su interior buscaba una cabina envolvente, con enfoque en conductor: instrumentación clara, asiento bajo y visión frontal que refuerza la sensación de control. La tecnología giraba en torno a deportividad usable, con mandos pensados para operar rápido. En marcha, esa ergonomía se traduce en menos distracciones: manos cerca del volante, lectura inmediata de la información y una percepción de coche “hecho alrededor de ti”, ideal para conducción precisa.

¿Por qué el Audi Le Mans quattro sigue siendo relevante hoy para un comprador o aficionado?

Sigue siendo relevante porque marcó el punto en que Audi convirtió la idea de superdeportivo en un producto coherente con su ADN: tracción total, calidad percibida y rendimiento utilizable. Sus 450 CV y el planteamiento de motor central anticiparon una era donde la velocidad no se mide solo en cifras, sino en facilidad para repetirlas. Como referencia, ayuda a entender por qué el R8 se sentía tan accesible: rápido, pero siempre comunicativo.

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