TVR Vixen: pureza deportiva con 87 CV
¿Tuviste uno?
¿Tuviste un TVR Vixen? Comparte una foto y cuéntanos qué significó para ti. Tu experiencia puede ayudar a otros y mantener viva la historia de este modelo.
Sobre la marca de coches TVR
TVR es una marca británica que entendió el deportivo desde la ligereza y la respuesta inmediata. Al volante, cada giro del volante se siente mecánico y cercano, con un chasis que invita a leer el asfalto y a dosificar el gas con precisión. Su historia mezcla ingeniería artesanal y una identidad sin filtros, reflejada en modelos que han construido un carácter reconocible dentro del motor europeo.Versiones de TVR Vixen
S1 (1967 )
S2 (1968 )
Información sobre TVR Vixen
¿Qué es el TVR Vixen y por qué sigue despertando deseo?
El TVR Vixen fue uno de los deportivos británicos más ligeros y directos de los 60 y primeros 70, con carrocería de fibra y chasis tubular. En marcha se siente bajo, estrecho y muy “mecánico”: dirección sin filtros, pedalier cercano y una respuesta inmediata al gas. Su tamaño compacto y peso contenido convierten cada rotonda en una curva con intención, no trámite.¿Cómo se siente al conducirlo en carretera revirada?
Por su masa reducida y batalla corta, el Vixen entra en curva con una agilidad casi karting. El morro obedece rápido y el coche te pide manos suaves: si aceleras pronto, el eje trasero puede insinuarse, comunicando mucho a través del asiento. En asfalto irregular notas cada junta, pero también la precisión. Es un clásico para conducir, no solo para mirar.¿Qué motores montó el TVR Vixen y qué carácter aportan?
Según versión y año, el Vixen se asoció a mecánicas Ford, incluidas variantes 1.6/1.7/2.0 y, en etapas, V6 compactos. Más allá de la cifra, lo importante es el empuje: estira con brío en medios y, por su peso, cada aceleración se siente viva. El sonido es metálico y cercano, con vibración auténtica, como si el motor estuviera en tus manos.¿Cómo es la posición de conducción y la vida a bordo?
Dentro manda la sencillez: instrumentación clara, mandos firmes y una postura baja que te hace “encajar” en el coche. El parabrisas queda cercano y la visibilidad es típica de clásico: buena hacia delante, más comprometida atrás. La cabina transmite calor, olor a material antiguo y un punto artesanal. No es refinado, pero sí envolvente, como un guante de conducción.¿Qué hay que saber del chasis, suspensión y frenos?
El Vixen combina chasis tubular con carrocería ligera, una receta que prioriza tacto y control. La suspensión es simple y efectiva, con un tarado que hoy se siente firme: copia menos y comunica más. Los frenos, acordes a la época, requieren anticipación y un pie decidido, sobre todo en bajadas. A cambio, la lectura del agarre es muy clara y progresiva.¿Es un coche “fácil” o exige experiencia?
Exige respeto: no hay ayudas, y su ligereza amplifica tus decisiones. Si entras pasado, te lo dice; si aceleras con volante girado, te lo devuelve con movimiento. Pero no es traicionero cuando está bien puesto a punto: avisa y habla. Con manos finas es gratificante, porque convierte la conducción en una conversación constante entre dirección, gas y adherencia.¿Qué mantenimiento y puntos críticos conviene revisar antes de comprar?
En un Vixen importan más el estado y el historial que el kilometraje. Revisa corrosión o fatiga del chasis tubular, alineación, holguras de suspensión, fugas, temperatura en uso real y cableados. La fibra puede ocultar reparaciones: busca grietas, ajuste de paneles y puertas. Un buen reglaje de carburación/encendido cambia el coche: pasa de tosco a fino y elástico.¿Qué consumo y uso realista se puede esperar hoy?
No es un clásico para “hacer recados” a diario: pide calentarlo, vigilar temperaturas y planificar. En consumo depende de motor y puesta a punto, pero la experiencia manda: vas escuchando, oliendo y sintiendo el coche, más pendiente de presión y respuesta que de un número. En rutas tranquilas puede ser razonable; si lo llevas alegre, beberá como un deportivo clásico.¿Qué lo diferencia de otros deportivos británicos de su época?
Frente a alternativas más civilizadas, el Vixen apuesta por la inmediatez: menos aislamiento, más nervio y un tacto que parece de competición doméstica. La fibra reduce peso y el chasis da rigidez, creando una sensación de coche “tenso”, con reflejos rápidos. No busca lujo; busca conexión. Por eso se recuerda: no te transporta, te involucra en cada metro.¿Para quién tiene sentido hoy un TVR Vixen?
Tiene sentido para quien valora la conducción analógica y acepta que el confort es secundario. Es ideal para salidas de fin de semana, puertos de montaña y eventos clásicos donde el tacto importa más que el brillo. Si te gusta ajustar, aprender y conducir con técnica, encaja. Si buscas facilidad moderna, no: el Vixen es una máquina de sensaciones, no de comodidades.Rivales de TVR Vixen
El TVR Vixen representa una etapa muy significativa en la historia de TVR: la transición hacia deportivos ligeros, de carrocería compacta y enfoque claramente británico, donde el tacto mecánico y la relación peso/potencia marcaban el carácter más que la sofisticación.
Bajo su silueta de líneas tensas y proporciones bajas, el Vixen se movía en el mismo territorio emocional que otros coupés y roadsters europeos de pequeño tamaño: coches pensados para carreteras secundarias, con dirección comunicativa, reacciones rápidas y un motor delantero que invitaba a conducir “con las manos” tanto como con el acelerador.
Su rivalidad natural se entiende por filosofía.
Por un lado, el Lotus Elan S4, referencia dinámica de la época: más fino en precisión y equilibrio, con un planteamiento extremadamente ligero que priorizaba la agilidad por encima de la robustez.
Frente a él, el Vixen solía ofrecer una experiencia más musculosa y artesanal, con una personalidad menos delicada y una sensación de coche “hecho a mano” que atraía a quien buscaba temperamento antes que perfección quirúrgica.
En el otro extremo aparece el MG B GT, un rival por posicionamiento: el coupé británico práctico, utilizable y con una comunidad enorme.
Donde el MG apostaba por una conducción amable y un mantenimiento más convencional, el Vixen se desmarcaba con un enfoque más deportivo y exclusivo, buscando a conductores que querían algo más cercano a un deportivo puro, incluso si eso implicaba convivir con un punto más de crudeza.
Y si el criterio es el de “deportivo compacto europeo con ambición”, el Alfa Romeo Giulia Sprint GT (la familia Bertone) entra en escena con argumentos muy distintos: motor más sofisticado y un refinamiento general superior, combinando prestaciones con un toque de gran turismo.
Ahí el TVR Vixen se defendía desde el minimalismo: menor complejidad, peso contenido y un enfoque muy directo, de sensaciones inmediatas y respuesta rápida en carreteras reviradas.
Nota editorial: el TVR Vixen tuvo distintas evoluciones y motorizaciones según año/mercado (incluyendo variantes posteriores).
Para una comparación técnica coherente, se toman versiones representativas “de referencia” de la época con cifras típicas ampliamente citadas.
| Modelo | Cilindrada (cc) | Configuración | Potencia (CV) |
| TVR Vixen (1600, ref.) | 1.598 | L4 atmosférico | ≈ 88 |
| Lotus Elan S4 (ref.) | 1.558 | L4 atmosférico | ≈ 118 |
| MG B GT (1.8, ref.) | 1.798 | L4 atmosférico | ≈ 95 |
| Alfa Romeo Giulia Sprint GT (1.6, ref.) | 1.570 | L4 atmosférico | ≈ 106 |
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