Aston Martin: elegancia británica con alma deportiva
Aston Martin representa la tradición británica llevada a la carretera con una mezcla de refinamiento y rendimiento. Al ponerte al volante, la dirección transmite aplomo desde el primer metro y el motor entrega una respuesta llena de matices, ideal para enlazar curvas con precisión. Sus líneas atemporales y su enfoque artesanal acompañan una dinámica pensada para disfrutar, tanto en ciudad como en rutas abiertas.
Modelos de Aston Martin
Aston Martin 15: 1950 cc y 15 CV en clave clásica
Aston Martin 2-Litre: 76 CV y alma clásica
Aston Martin Vantage 321 CV: sensaciones y ficha clave
Aston Martin Atom: 81 CV y 1.950 cc, el origen
Aston Martin DB2 (118 CV): historia y sensaciones al volante
Aston Martin DB3: 153 CV y 6 cilindros con alma clásica
Aston Martin DB4 (314 CV): ficha, motor y sensaciones
Aston Martin DB5: 314 CV y elegancia británica eterna
Aston Martin DB6: 325 CV y 6 cilindros con clase GT
Aston Martin DB7 450 CV V12: ficha y sensaciones
Aston Martin DB9 510 CV: V12 5.9, lujo y carácter
Aston Martin DBR2: 312 CV y esencia de competición
Aston Martin DBS 510 CV: V12 5.935 cc de gran turismo
Aston Martin Lagonda 286 CV: lujo británico en V8
Aston Martin Project Vantage: 450 CV y V12 de 6.0 litros
Aston Martin V12 521 CV: potencia y sonido británico
Aston Martin V8 340 CV: ficha, motor V8 y sensaciones
Aston Martin V8 Saloon 317 CV: lujo británico clásico
Aston Martin V8 Vantage 549 CV: sensaciones y ficha rápida
Aston Martin V8 Volante 317 CV: ficha y sensaciones
Aston Martin V8 Zagato: 433 CV de lujo británico
Aston Martin Vanquish: 521 CV V12 y pura elegancia GT
Aston Martin Vantage 600 CV: V8 5.3, emoción pura
Aston Martin Virage 549 CV: lujo y V8 gran turismo
Resuelve tus dudas sobre Aston Martin
¿Qué define a Aston Martin como marca?
Aston Martin es una firma británica nacida en 1913, ligada al gran turismo: coches pensados para devorar kilómetros con aplomo y refinamiento. Sus proporciones largas, capós extensos y habitáculos bajos buscan una conducción de pulso sereno, con dirección comunicativa y una pisada estable a alta velocidad. Tradición artesanal, cuero cosido a mano y atención al detalle se sienten en cada maniobra.¿Cómo es la experiencia de conducción típica en un Aston Martin?
Un Aston Martin se conduce como un gran turismo de verdad: empuja con fuerza desde medio régimen y sostiene el ritmo sin fatiga. Los V8 biturbo y V12 destacan por su entrega progresiva, con respuesta contundente al acelerar y un sonido grave, trabajado para acompañar sin cansar. La suspensión prioriza control y confort, filtrando irregularidades mientras mantiene el coche firme en apoyos rápidos.¿Qué modelos actuales son más representativos?
La gama moderna se articula en deportivos y SUV: Vantage (deportividad compacta), DB12 (GT de referencia), DBS (máxima potencia y carácter) y DBX (SUV de lujo). Cada uno mantiene la idea de viajar rápido con elegancia: asientos envolventes, estabilidad en autopista y un chasis que transmite confianza. En cifras, suelen moverse entre 500 y más de 700 CV, según versión.¿Qué tecnología y plataformas usa Aston Martin hoy?
En la era reciente, Aston Martin ha integrado tecnología de motores y arquitectura electrónica con colaboración de Mercedes-AMG en varios modelos con V8, lo que se traduce en rendimiento robusto y una respuesta consistente. La puesta a punto sigue siendo propia: dirección, frenos y suspensiones afinados para un tacto más “GT” que radical. En carretera, eso significa precisión sin nerviosismo y mucha compostura.¿Qué carácter tiene Aston Martin frente a Ferrari, Porsche o Bentley?
Aston Martin suele priorizar un enfoque de gran turismo: menos obsesión por el crono y más por la sensación de viaje rápido, cómodo y con presencia. Frente a Porsche, el tacto es más emocional y lujoso; frente a Ferrari, más calmado y refinado; frente a Bentley, más deportivo y ligero en reacciones. El resultado es un coche que invita a conducir lejos, no solo rápido.¿Cómo es el interior y la calidad percibida?
El habitáculo es uno de sus puntos fuertes: cuero, alcántara, costuras visibles y superficies con tacto cálido, con muchas opciones de personalización. La posición de conducción es baja, con volante de buen diámetro y visibilidad enfocada a la carretera. En marcha, el aislamiento acústico permite conversar a velocidad alta, pero al abrir gas aparece un tono grave que acompaña la aceleración y la sensación de potencia.¿Qué historia y legado deportivo tiene la marca?
Aston Martin combina tradición y competición. Su legado incluye presencia histórica en resistencia y un imaginario cultural muy consolidado, reforzado por su asociación con James Bond. Esa herencia se nota en el diseño: siluetas elegantes, parrillas reconocibles y una estética británica sobria. Al conducirlo, la marca busca que sientas continuidad con esa historia: un coche con aplomo, no con estridencia.¿Qué debes valorar antes de comprar un Aston Martin?
Conviene evaluar el uso real: son coches que brillan en carretera abierta, con confort y estabilidad a alta velocidad, más que en ciudad. Considera costes de mantenimiento, neumáticos y frenos de altas prestaciones, además de la red de servicio en tu zona. A cambio, obtienes un GT con mucha presencia, aceleración contundente y un tacto de conducción refinado, pensado para viajes largos.¿Qué me puedes contar del Aston Martin DBX como SUV?
El DBX traslada el ADN de la marca a un SUV: posición alta, pero con chasis trabajado para que no se sienta torpe. Sus versiones más prestacionales superan ampliamente los 500 CV, con aceleraciones muy serias para su tamaño. En carretera, destaca por estabilidad y tracción, y en el día a día por confort y calidad interior. Es un coche para viajar rápido con familia y equipaje.¿Hacia dónde va Aston Martin con la electrificación?
La marca avanza hacia electrificación con híbridos y futuros eléctricos, manteniendo el enfoque de gran turismo: empuje inmediato, silencio en crucero y entrega de potencia sostenida. La clave será conservar sensaciones: dirección con peso natural, frenos consistentes y un chasis que comunique. La electrificación, bien aplicada, puede reforzar su carácter viajero: aceleración instantánea al adelantar y serenidad cuando solo quieres rodar.Historia de Aston Martin
Hablar de Aston Martin es hablar de una forma muy británica de entender el automóvil: la elegancia como ingeniería, la velocidad como un susurro sostenido y el lujo como algo que se toca, se huele y se escucha. La marca nace en 1913, cuando Lionel Martin y Robert Bamford ponen en marcha su pequeña aventura en Londres. Martin competía en subidas de montaña, y una de ellas —Aston Hill, en Buckinghamshire— acabaría dando apellido al proyecto. Desde el principio, Aston Martin no fue una empresa concebida para fabricar en masa, sino para construir máquinas con propósito deportivo y presencia, coches que no solo ganaran tiempo sino que transmitieran aplomo. Esa idea se nota incluso cuando piensas en los primeros años: la Primera Guerra Mundial frena cualquier desarrollo industrial serio y, aun así, la marca insiste en volver a levantar la persiana para seguir persiguiendo el mismo objetivo, como quien vuelve a un circuito porque sabe que allí está su sitio.En los años 20, Aston Martin busca la competición como escaparate técnico y emocional. En esa década aparece una figura decisiva: el conde Louis Zborowski, piloto y mecenas, que apoya el proyecto y lo empuja a competir. No es una historia lineal ni cómoda: hay dificultades financieras, cambios de manos, reinicios. Pero ese carácter, casi obstinado, termina definiendo a la marca. Con Aston Martin, la sensación siempre ha sido la de un fabricante que prefiere afinar un coche como se afina un instrumento antes que “producir por producir”. En conducción, ese enfoque se traduce en una manera de moverse distinta: no tanto el golpe de efecto, sino la continuidad, la confianza que te da un chasis asentado y una entrega de potencia que parece crecer con el paisaje.
La etapa que cristaliza el ADN moderno llega tras la Segunda Guerra Mundial. En 1947, David Brown compra Aston Martin, y con él llegan dos letras que todavía hoy pesan como una firma: DB. También adquiere Lagonda, y esa unión no solo aporta recursos, sino motores e ingeniería para crear una gama con ambición real. Los DB de los años 50 y 60 convierten a Aston Martin en una marca con narrativa clara: gran turismo de altas prestaciones, capaz de cruzar un país con suavidad y, al mismo tiempo, pedirte manos finas si decides buscar el límite. En esos años, el coche deja de ser simplemente una máquina rápida y pasa a ser un objeto con presencia. Un Aston de esta época se entiende por su forma de desplazar el aire, por cómo el motor llena el habitáculo con un sonido grave pero educado, por la manera en que el coche parece “sentarse” sobre la carretera.
En 1959 llega un hito que no es solo un dato histórico, sino un pilar emocional: la victoria absoluta en las 24 Horas de Le Mans con el Aston Martin DBR1, pilotado por Roy Salvadori y Carroll Shelby. Ganar Le Mans no es únicamente vencer en un circuito; es demostrar resistencia, equilibrio térmico, fiabilidad mecánica y eficiencia a alta velocidad durante un día entero. En sensaciones, ese logro se traduce en la idea de que Aston Martin sabe construir coches que no se descomponen cuando el ritmo se sostiene y el asfalto deja de ser amable. Esa victoria también consolida un tipo de orgullo silencioso: Aston Martin no necesita gritar para que se la escuche.
La década de los 60 culmina la imagen pública de la marca con un coche que trasciende el mundo del motor: el DB5, presentado en 1963. Sus cifras hoy se leen con la calma de otra era —motor de seis cilindros en línea de 4.0 litros, alrededor de 282 CV en especificación de fábrica—, pero lo importante es lo que representaba: un gran turismo que combinaba rendimiento alto con refinamiento. En carretera, un DB5 no te invita a acelerar con brusquedad; te invita a mantener una velocidad elevada con serenidad, a sentir el volante comunicativo y el coche respirando a través de una mecánica elástica. Su asociación con el cine, especialmente con James Bond, no fue casual: es un coche que proyecta control, elegancia y un punto de amenaza contenida, como un traje bien cortado que también sirve para correr.
Los años 70 y 80 son más complejos: la marca atraviesa crisis financieras y cambios de propiedad. Y, sin embargo, hay algo casi coherente en esa fragilidad industrial: Aston Martin nunca ha sido una fábrica gigantesca protegida por la inercia del volumen. Ha sido, muchas veces, una casa de artesanos con el reto permanente de modernizarse sin perder identidad. Modelos como los V8 de la época mantienen viva la idea del gran turismo de cilindrada generosa, con ese tipo de empuje que no se entrega como un latigazo, sino como una marea: abres gas y el coche progresa con autoridad. Es un poder más de largo recorrido, pensado para autopistas rápidas y para carreteras donde el sonido del motor acompaña, no aturde.
La estabilidad relativa llega a finales de los 80 y 90 con Ford, que toma una participación significativa y termina integrando Aston Martin en su Premier Automotive Group. Ese periodo aporta inversión, procesos y una base para modernizar producto sin convertirlo en algo genérico. En 1994 aparece el DB7, un modelo crucial porque abre Aston Martin a una clientela más amplia y permite aumentar producción. El DB7, primero con seis cilindros sobrealimentado y más tarde con V12, conserva la receta: proporciones elegantes, cabina con aroma de cuero y un carácter de gran turismo capaz de combinar comodidad real con prestaciones serias. La experiencia al volante se entiende por contraste: puedes llevarlo relajado, con el coche fluyendo, y en cuanto buscas respuesta, encuentras una reserva de par que estira la marcha y te empuja hacia el horizonte.
Ya en los 2000, Aston Martin vive una especie de renacimiento de identidad. El diseño de la era moderna —con la parrilla marcada, las superficies tensas y esa postura baja y larga— define una familia clara. El DB9 (2004) y el V8 Vantage (2005) son los pilares. El DB9 se asienta sobre la arquitectura VH (Vertical/Horizontal), de aluminio, que ayuda a dar rigidez y reducir peso relativo para el tamaño y el lujo que ofrece. Ese tipo de estructura se nota cuando enlazas curvas: no es solo comodidad; es precisión, ausencia de crujidos, la sensación de que todo está unido con intención. En cuanto al V8 Vantage, se convierte en el “acceso” emocional a la marca: compacto para lo que es Aston, con un sonido más cercano, más presente, y un tacto que te involucra más. En ambos casos, el elemento constante es el V12 atmosférico en los modelos grandes: una mecánica que entrega potencia con linealidad y con un timbre que cambia según el régimen, pasando de la gravedad a un filo metálico sin perder compostura.
La marca también refuerza su mito contemporáneo con una de las denominaciones más cargadas de intención: Vanquish, y más adelante la saga DBS. Aston Martin siempre ha sabido que un nombre, cuando está bien elegido, condiciona lo que esperas sentir. Y en esos coches el guion se cumple: dirección con peso, estabilidad a alta velocidad, y esa forma de acelerar que no parece un estallido, sino una acumulación. Los frenos, el apoyo, el modo en que el coche se aploma en recta; todo está pensado para que el conductor sienta que puede sostener ritmos altos sin que el coche se vuelva nervioso. En un gran turismo, la velocidad debe ser habitable, y Aston Martin persigue precisamente eso.
En 2007, Ford vende Aston Martin a un consorcio liderado por David Richards (Prodrive), un movimiento que devuelve a la marca una independencia con aroma británico, aunque con el desafío permanente de financiar desarrollo y cumplir normativas. En 2013 llega otro acuerdo clave: la colaboración con Daimler/Mercedes-Benz, que aporta tecnología —especialmente electrónica, infoentretenimiento y más tarde sistemas de propulsión en algunos casos— a cambio de participación accionarial. Para el conductor, esto se traduce en una mejora clara de la vida a bordo: interfaces más modernos, respuesta más consistente de los sistemas y una base tecnológica capaz de sostener el paso de los años. Pero Aston Martin intenta que esa modernidad no tape el ritual clásico: el arranque, el sonido, la postura de conducción baja, la visión sobre el largo capó.
A partir de 2016-2018, con el DB11 y la nueva generación de producto, Aston Martin empieza a reescribir su catálogo con una mirada más amplia. El DB11 introduce motores V12 biturbo y V8 biturbo (este último de origen AMG), y ahí cambia la textura de la aceleración: el turbo aporta una contundencia más inmediata en el rango medio, una sensación de empuje más denso, menos dependiente de estirar hasta arriba. La conducción se vuelve más flexible: adelantar requiere menos planificación, y el coche se siente fuerte con un simple toque de gas. Al mismo tiempo, Aston se esfuerza por mantener el carácter: no convertir el coche en una herramienta fría, sino en una máquina con presencia acústica y táctil, con un interior que sigue apelando a materiales y acabados de tradición artesanal.
En esa expansión también aparece un capítulo que marca la era moderna del lujo deportivo: el Aston Martin DBX, presentado en 2019. Es el primer SUV de producción de la marca y responde a una realidad de mercado, pero no renuncia a la promesa de sensaciones. En un DBX, lo relevante es cómo se trabaja el equilibrio entre altura y control: suspensión capaz de filtrar con suavidad, tracción que te da seguridad en condiciones variables y un motor V8 biturbo que mueve el conjunto con facilidad. El conductor no busca aquí la pureza de un coupé bajo, sino la sensación de ir elevado sin perder precisión, de poder recorrer distancias largas sin fatiga con una respuesta de acelerador que sigue siendo Aston: progresiva, con un tono de escape trabajado, con esa impresión de que el coche no se desordena cuando el ritmo aumenta.
La otra gran declaración de intenciones llega con los proyectos de motor central y los hiperdeportivos. El Valkyrie, desarrollado con la implicación de Adrian Newey y Red Bull Advanced Technologies, coloca a Aston Martin en el territorio donde la aerodinámica manda la experiencia. Más allá de cifras que impresionan —un conjunto híbrido con un V12 atmosférico Cosworth de altísimo régimen—, lo que define al Valkyrie es la sensación de apoyo generado por el aire, la idea de que el coche se pega al suelo a velocidades donde la percepción humana cambia: el horizonte se comprime, el cuerpo siente fuerzas laterales y longitudinales con una intensidad rara en un coche matriculable. Es una pieza de tecnología que, al mismo tiempo, alimenta la narrativa histórica de Aston: competición, ingeniería, y ese deseo de construir algo que esté un paso más allá del simple gran turismo.
El retorno oficial a la Fórmula 1 como Aston Martin Aramco Cognizant Formula One Team en 2021 (sobre la base del equipo Racing Point) no es únicamente una estrategia de visibilidad. Es una forma de conectar la marca con un lenguaje moderno de rendimiento: aerodinámica, eficiencia, precisión de datos. Para el aficionado y el cliente, esa presencia en F1 refuerza una sensación de continuidad: Aston Martin no solo mira al pasado de Le Mans; también busca pertenecer al presente del deporte del motor. Y aunque el coche de calle y el monoplaza vivan mundos distintos, esa asociación influye en cómo se percibe la marca: como un fabricante que no se conforma con ser elegante, sino que quiere ser rápido con fundamentos.
En los últimos años, Aston Martin ha ordenado su gama alrededor de nombres que son casi estados de ánimo: Vantage, DB12, Vanquish en su reaparición, y versiones de alto rendimiento firmadas por Aston Martin Performance Technologies o por el entorno de ingeniería más reciente. El DB12, presentado en 2023, se define como “super tourer” y apuesta por un V8 biturbo con una puesta a punto más enfocada, un interior mucho más actualizado en tecnología propia y una dinámica más incisiva. En términos de conducción, eso significa que el coche se siente más tenso y más despierto: respuestas más rápidas, mayor sensación de control y un equilibrio que permite disfrutar tanto de una carretera abierta como de un tramo de curvas sin que el coche pierda el confort que esperas en un DB. Aston Martin quiere que el conductor note que está en un GT, sí, pero que también puede encontrar precisión cuando decide conducir de verdad.
Si hay un hilo conductor en más de un siglo de historia es este: Aston Martin ha perseguido la idea del gran turismo como experiencia completa. No es solo ir rápido; es cómo te acompaña el coche cuando pasan los kilómetros, cómo te llega el sonido al pecho sin cansarte, cómo el volante tiene el peso justo para que confíes en el tren delantero, cómo el interior huele a cuero y materiales de verdad en lugar de parecer un salón genérico. Sus mejores coches no se entienden por una cifra aislada, sino por una suma: proporciones, tacto, silencio selectivo, vibración controlada, potencia disponible con elegancia.
Aston Martin también es una historia de resiliencia: crisis, cambios de propiedad, reinvenciones y alianzas para sobrevivir en un mundo de normativas y electrificación. Pero incluso cuando adopta turbos, electrónica avanzada o carrocerías nuevas, el objetivo sigue siendo reconocible en la primera curva: crear un coche que te haga sentir que conduces algo con linaje, con un tipo de lujo que no se exhibe en voz alta, y con una capacidad de devorar carretera que convierte el viaje en parte del destino.